El desarrollo de videojuegos en Colombia empezó en 2004 con una compañía llamada Immersion Games. La idea de crear la primera desarrolladora de videojuegos empieza como cualquier otra: unos cuantos amigos, la mayoría ingenieros electrónicos, querían volverse millonarios a punta de hacer videojuegos. “Para muchos puede parecer un golpe de suerte, pero para nosotros fue tener justo lo suficiente para que alguien en el exterior nos reconociera”, me dijo Eivar Rojas, gerente de lo que antes se conocía como Inmersion Games, hoy Efecto Studio, la desarrolladora más grande de Colombia.

La manera en la que funcionan muchas desarrolladoras es sencilla: vuelven realidad la idea de alguien más. Esto fue lo que sucedió en 2004, cuando una compañía norteamericana, Artificial Studios, necesitaba un equipo de arte y, en esa búsqueda, encontró talento colombiano. Les dieron la idea, les dieron los personajes y ellos, aquí, en el norte de Bogotá, programaron y diseñaron todo. Algo hay que aclarar antes de continuar con esta historia: Inmersion Games no empezó con la idea de hacerle videojuegos a los gringos. Todo lo contrario, ellos tenían uno propio en desarrollo, llamado Cell Factor, que después de años de desarrollo y falta de patrocinio, finalmente se lanzó. Después de eso, no volvieron a intentar la creación de un juego pensado para público nacional, ni, especialmente, volverlo a hacer de su propio bolsillo.

Volvamos. En 2010 se hizo una restructuración de Inmersion Games y se creó lo que hoy se conoce como Efecto Studios, una desarrolladora de videojuegos para terceros. “El mercado latinoamericano es imposible de monetizar y no se puede hacer un juego que esté específicamente pensado para este público”, me dijo Eivar Rojas.

Hay más (sí, hay más) compañías que hacen esto. En Colombia las más destacadas son, aparte de Efecto Studios, TeraVision y Brainz, basadas en Bogotá, y Below The Game, que está en Bucaramanga. Estas cuatro empresas se han dedicado a desarrollar videojuegos de calidad y no se han concentrado en el público colombiano, cosa que los ha llevado a tener grandes contratos con firmas internacionales: Brainz tiene uno con Square Enix, empresa japonesa responsable de hacer juegos como Final Fantasy, y también con Gamevil, otra gigante desarrolladora en Corea del Sur. TeraVision trabaja con Disney y Below the Game, desde hace poco, con Sony.

“Colombia sufre de una enfermedad que se llama ‘moda’ y la gente solo juega modas. Es muy difícil que un juego que se hace en Colombia se plantee alrededor del mundo como moda. Es mil veces más factible que alguien triunfe fuera del país en este tipo de ramas que aquí mismo”, me explicó Eivar.

Aunque hace unos cinco años no se sabía nada de desarrolladoras de videojuegos colombianas, hoy en día, como resulta evidente, hay más, y mucho más grandes. Ayuda también el hecho de que cada vez es más fácil programar, vender, distribuir y diseñar en un sinfín de plataformas diferentes. De acuerdo a un estudio publicado por la Universidad de los Andes, el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, y Proexport, del amplio universo de la industria de contenidos digitales en Colombia (conformado por empresas que se dedican a la animación, los libros interactivos, entre otros) el 32% de ellas, es decir la mayoría, se dedica a desarrollar videojuegos.

Tomado de Vice – Videojuegos made in Colombia